Juan cumple años el 3 de Abril.
Como sabemos, no hay cumpleaños sin reunión.
Y obviamente no hay reunión sin características típicas de una reunión (Valga la redundancia).
Con "Características típicas" me refiero a las siguientes cosas:
*Comida; ya sea dulce, salada o agridulce.
*Mate.
*Gaseosa / Cerveza
*Música / "Música"
*Carencia de temas de conversación competentes.
*Una o más guitarras.
*Gente; un porcentaje haciendo boludeces, otro porcentaje diciendo boludeces y otro riéndose de las boludeces que dicen o hacen los demas.
*El juego de tomando el té / cenando con Mirtha Legrand.
*Unos juegos de pool.

Hete aquí que Juan no poseía una mesa de billar, ni siquiera una de juguete.
Aún así no podía concebir la idea de que su día finalizara sin haber demostrado su destreza en el juego, más teniendo en cuenta que era su cumpleaños, tal vez un día de suerte.
Entonces se dirigío con toda su tribu, al bar de buena muerte más cercano.
Guitarra en mano, entonando las estrofas de alguna canción de los Beatles, de Fun People o de La Vela Puerca, caminaban Juan más 5 chicas, más un chico, un zoofílico y un homosexual por una bicisenda en la noche de ciudad.
El bar estaba cerrado.
Sin dejar que el animo decayera, sin dejar de cantar (esta vez el repertorio era Flema), los muchachos y muchachas recorrieron las oscuras calles, buscando otra mesa de pool.
La encontraron en un antro de juegos pintado de azul. El lugar perecía cerrado, pero los encargados les abrieron las puertas amablemente y les vendieron fichas y golosinas.
Las chicas se sentaron a mirar, 3 vagos más se unieron a la tripulación y comenzó el juego.
Juan hacía equipo con el zoofílico.
5 partidos jugaron, 5 perdieron.
Juan es una persona tranquila, pero esta vez renegó de su suerte.
-¡Naaa! ¡5 partidos y no gané ninguno! ¡¡Y en mi cumpleaños!! ¡Caramba!
Ani, se encontraba frente a él, sentada en la mesa de al lado, donde no jugaba nadie. Encorvada, metida en una enorme camisa a cuadros de Edgar, parecía una harapienta. Miró a su amigo inexpresivamente, y exhalando el humo del cigarrillo, le dijo con paz:
-Son las 2 de la madrugada, cuando llegamos aca eran las 12 y media... hacía media hora que ya no era tu cumpleaños cuando comenzaste a jugar.
Dicho esto se levantó, apagó el cigarro en el suelo, devolvío la camisa y se fue del lugar.
Juan solo dejó el taco sobre la mesa y exhaló un resentido:
-¡Hostias!


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