7 de abril de 2007

Frutería

Pablo es una frutería.
Escapan de su boca endulzantes barrocos con quién sabe qué fin.
Para Ani era más bien un exceso de sacarina, un artificio.
Se cansaba de decirle que era innecesario... pero ¿Quién sabe? Quizás sea esa su naturaleza. Tal vez sea un instinto... o un tic nervioso...
Como sea, Ani tenía que hacer grandes esfuerzos para no reirse de las actitdes de Pablo. Él le decía que era la mas linda, que sus besos eran no se qué, o que era la única de tal o cual cosa, tal vez pensando que ella le creía.
"Pobre..." pensaban los dos...
"Que ingenuo..." pensaba ella.
"Que ingenua..." pensaba él.
Hasta que en una de sus colmadas cucharades de azucar, se le fue la mano...
"¡Que plato este flaco, no aprende más!" pensó Ani mientras largaba la explosiva risa contenida durante media hora de halagos hipócritamente exagerados, disfrazados de galantería. La pobre no había podido menos que acordarse de los "Agrandadores de Loros" de las crónicas de Dolina, unos tipos que lograban que cualquier pescado se sintiera la reina del corso...
La risa de su compañera hirió a Pablo, que en ese momento hubiera preferido que Ani fuera la rubia tonta que parecía ser, mientras ella pensaba que si las ganzadas que él decía eran para lograr que ella se acostara con él... eran totalmente innecesarias, pero en cuanto no se callara, conseguiría justamente el efecto contrario.
Despues de explicarle esto a su "dolido" amigo, pero con mejores maneras e intentando parecer una dama, cumplieron pacíficamente con la misión que los había llevado allí. ("pacíficamente" es tan solo una menera de decir).
Pero misteriosamente, después de eso la frutería cerró. Vaya uno a saber por qué...
Por primera vez Ani sintió que estaban teniendo una conversación coherente, sincera (o casi sincera, con Pablo nunca se sabe)
A ella le gustó que él se abriera.
A él le gustó que ella lo escuchara.
A ella le gustó ser de su confianza.
A él le gustó que lo entendiera, agradeció su comprensión.
A ella le enterneció su necesidad de que alguien escuchara, de que alguien entendiera...
Es cierto, los secretos no son orgásmicos, pero entregados tan ciega y humildemente... son mucho más efectivas... y más dulces.
"Perdón" y "Gracias"
Esas fueron las palabras más dulces que Ani escuchó salir de una frutería.

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