Volame la ropa...
Es mi cuerpo,
mi piel blanca en la oscuridad azul...
Es el contorno de mi silueta, recortada contra la escasa luz...
Los ojos penetrantes del teléfono que en cualquier momento ha de sonar...
La ropa desparramada por el suelo... y tu camisa a cuadros me queda perfecta...
Espiás entre mis piernas, entre las sábanas azules de seda...
Acariciás cada estrella de la noche que pinte en el lienzo al que te hiciste adicto: mi piel de chocolate blanco que huele parecido a tu perfume...
Otra lágrima neutral, un abrazo más...
Me mirás a los ojos que se hacen luz,
luz del sol de la mañana...
que te despierta...
Recordás el diamante de sangre desnudado de su estuche de algodón corriente:
brilla...
Todo en el cuarto es explosivo y no tardas en explotar también...
¡Cómo brillaba el diamante de sangre las noches de invierno de oscuro azul...!
Es escalofriante, es perturbador...
"una condena agradable...
Es como un desgaste, una necesidad, más que un deseo..."
Necesitás más...
El diamante de sangre... ¿Envició tus sentidos su brillo extraño?
No podés. No debés. No querés.
El conflicto de la joya, es el diamante de la guerra...
El cuarto se vuelve rojo y arde...
Un pañuelo transparente del color de la sangre, y detrás su silueta desnuda...
¿Lograrás contemplarla algun día... antes de morir en el campo de batalla?
No hay buenos, no hay malos...
Solo distintos niveles de tentación...
La mía, la tuya...
El silencio...
La brisa después de la tormenta...
12 de noviembre de 2007
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