22 de abril de 2007

El Flaco

Fue un mediodía volviendo de la escuela cuado me topé por primera vez con él.
Estaba sentado en el árbol de la vereda de casa. Sus ojos negros y grandotes me dirigieron una mirada tristona.
Incliné entonces mi cabeza en señal de saludo y me metí en la casa.
Conforme pasaban los días, él seguía ahi, en mi vereda o en la del vecino. Y así me acostumbré a su presencia y él a la mía. Me saludaba moviendo el rabo cuando salía de casa, o me recibía cuando volvía.
Su pelaje era marrón, ni 'chocolate' ni 'café'. Y el pobrecito estaba bastante escuálido. Y yo no podía dejar de notar un dejo de nostalgia en su canina mirada, lo cual me daba la pauta de que alguna vez había sido parte de una familia, tal como mi Mónika (alias Rika).
Me daba mucha pena cuando entraba a casa y él se quedaba afuera, mirándome a través de la verja, implorando perrunamente que lo dejara pasar. Es que me hubiera encantado dejarlo entrar y hacerlo formar parte de la familia, pues de algún modo ya lo era... Pero sabia que a Adriana no le iba a hacer mucha gracia. Tan solo imaginarme su cara de pocos amigos me adaba escalofríos, y así evitaba sucumbir ante el tierno pedido de mi nuevo amigo.
Al principio a Rika no le caía nada bien el desnutrido visitante. Acostumbrada a ser mascota única, se creía la reina del corso, y estaba dispuesta a defender su posición a cualquier costo. A lo que cada vez que salía le ladraba al pobre y abandonado perro como si en ello se le fuera la vida (Esa maldita costumbre canina de creer que el fin justifica los medios). Pero de a poco ella tambien fue acostumbrándose a la presencia del Flaco.
Así le llamabamos: El Flaco. Debido a esa extraña estrategia humana de poner apodos y no nombres "para no encariñarse" con cierto sujeto.
Pero así y todo era imposible no encariñarse con el Sr. Flaco. Era un tipo (un perro) muy atento: saludaba la gente del vecindario cuando pasaba, tenía cuidado de no ensuciar las veredas, siempre que necesitaba cruzaba la calle y utilizaba el parque. Todos en la cuadra se solidarizaron con el Flaco.
Jugaba con las nenas del pasillo de departamentos, discutía cuestiones perrunas con Rika y Tony (aunque el perro de Acedo le caía mal), los vecinos de al lado del pasillo le ofrecian reparo de la lluvia, y todos colaborabamos mas o menos con su renutrición.
Yo, personalmente, llegué a ser muy amiga de este sujeto. Le llevaba la comida que sobraba en casa, o la que Rika dejaba.
"¡Don Flaco!" lo llamaba "Acá le traigo la cena..."
El la devoraba de un bocado, y luego de agradecerme, se iba a recostarse bajo el árbol.
Y claro, Don Flaco me saludaba siempre muy calurosamente, y a veces cuando salía, me acompañaba un par de cuadras.
Un día salí para ir a la escuela con Clar, y el Flaco no estaba. No me preocupé, pues era probable que estuviera durmiendo bajo el techito de alguna casa, porque a la noche había llovido.
Al mediodía no estaba para recibirme. "Tal vez haya ido al parque a hacer sus necesidades"
Pero cuando salí a darle su ración de comida correspondiente, no se veía al flaco por ningún lado.
Lo llamé un par de veces "¡Don Flaco!... ¡Don Flacooo!" pero no hubo respuesta de ningún tipo.
Dejé la porción de tarta con guarnición de polenta, como le gustaba a él, por si vovía y tenía habmbre.
Pero eso nunca sucedió. Pasaron varios días y el Flaco aún sin volver.
Otra maldita costumbre de los perros... esta de irse sin despedirse....

5 comentarios:

Boicotmusical dijo...

Escritura sensible para la descripcion cotidiana de un animal encariñable, uno se encariña al leer sobre el flaco
seguramente el esta en un lugar mejor que el nuestro..
saludos

damiatron dijo...

Es que Don Flaco era demasiado liberal, quizá pasó la policía perruna y lo detuvo por tener tendencias demasiado inapropiadas en el comportamiento "normal" de los canes en sociedad... Ahora Don Flaco es un desaparecido.

Gioconda dijo...

Pobre flaco!
A mi me encantan los perros y los callejeros me caen re simpáticos. Si alguien los saca de la calle para llevarlos a su casa son los más agradecidos que existen.
Por mi barrio hay unos cuantos y andan en manada por todos lados. Ya son "del barrio" así que cuando alguien tiene que ir caminando a algún lado nunca va solo. Hasta alguno de onda te acompaña a hacer las compras.
Lástima no tener más lugar en casa porque sino me traería a la jauría entera.

Juan Salvo dijo...

El Flaco y no es Spinetta.

Saludos Anita...jeje no sabes quien soy :O

Anónimo dijo...

Descubri este blog hace unos dias, lo agregue a mis favoritos y recien hoy lo vi. Me gusta...debes ser una persona inteligente, yo me enamoro de todos los flacos que me cruzo en la calle...con esos ojos negros...